1 de septiembre de 2021

La locura de las renovables

Las ayudas económicas a las energías renovables son actuaciones de gran interés para conseguir un importante desarrollo de las mismas en el espacio edificado pero, como todo, pueden tener un efecto adverso, si éstas no se realizan de forma ordenada y racional, por lo que, en este momento prometedor para su implantación, se hace necesario, más que nunca, realizar una pequeña reflexión.

Se espera que llegue mucho dinero desde Europa en los próximos meses con cargo al Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, que contribuirá a impulsar la ejecución de las medidas de inversión y reforma indicadas en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de España. Es más, parte de ese dinero ya ha empezado a llegar.



Los objetivos que se pretenden cubrir son:

Para obtener estos objetivos, una de las vías que se están fomentando es la instalación de energías renovables, como la fotovoltaica.

A este plan de ayudas se les suman otros existentes como el PREE, a nivel nacional y gestionado por el IDAE y otros autonómicos o municipales, como la reducción del IBI.

Todo esto está favoreciendo una gran proyección de estas tecnologías lo que ha provocado una proliferación en el sector energético de empresas distribuidoras, instaladores, técnicos proyectistas y mantenedores, entre otros, que ya se frotan las manos con el panorama que se avecina.

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Y es que la instalación masivas de la energías renovables en nuestro país puede acabar con dos grandes problemas:

  1. la alta dependencia de los combustibles fósiles, más tratándose de un país con grandes posibilidades energéticas naturales, y
  2. la reducción de la emisión de gases contaminantes, que generan unos altos niveles de polución en las grandes ciudades y afectan al medio ambiente de forma perjudicial, de distintas maneras.

Pero todo esto ha de hacerse con cabeza, porque ya contamos con experiencias anteriores donde las prisas y las presiones económicas fueron malos consejeros, como en muchos desarrollos urbanísticos asociados al turismo o el abuso del biocombustible, que terminó desplazando a la agricultura alimentaria.

En este caso nos enfrentamos, entre otros, con dos grandes problemas:

  • El primero de ellos es olvidarnos de que el único recurso realmente no renovable es el suelo y, por tanto, hay que tener mucho cuidado con el actual frenesí por alicatar el campo de placas solares, cuando tenemos metros y metros cuadrados de cubiertas urbanas e industriales desaprovechadas.
  • Y el segundo, y que mas nos toca de primera mano, es que no se puede convertir un edificio existente en autosuficiente únicamente por medio de la implantación de placas solares.

Cuando actuamos en edificios existentes, en la mayoría de los casos construidos antes del CTE o incluso antes de cualquier normativa de ahorro energética, partimos de un edificio que es un sumidero energético. Es decir, que requiere de gran cantidad de energía para que funcione en condiciones adecuadas de confort interior, principalmente por la alta demanda de calefacción y/o refrigeración. Que la actuación ante este tipo de inmuebles sea -únicamente- el instalarle una enorme superficie de placas solares en la cubierta, para satisfacer esa alta demanda de energía, por el simple hecho de que es lo que se está subvencionando en este momento es un grave error. Y cuando este problema lo está cometiendo la propia Administración, el error se vuelve disparate.

Por muy bueno que sea el empleo de energías renovables, no tiene ningún sentido que ésta sea la primera (y única) medida a acometer: cuando en un barco hay una vía de agua, primero procedemos a taponarla para luego achicar el agua, pero lo que no se nos ocurre es intentar achicar el agua con mayor velocidad de la que entra el agua como solución definitiva. Pues esto mismo es lo que se hace cuando, en edificios claramente ineficientes, se pretende solucionar el problema de un plumazo, con la instalación de placas solares.

En un edificio con una envolvente térmica deficiente, en primer lugar, y antes de cualquier otra intervención, hemos de estudiar cuales son las posibles mejoras para reducir la demanda térmica interior: aumentar el aislamiento, instalar elementos de protección solar, sustitución o mejora de las carpinterías, etc. Con este paso no sólo reduciremos el consumo energético, sino que conseguiremos un notable aumento del confort interior que nunca conseguiríamos únicamente con la instalación de energías renovables.

En segundo lugar, actualizaremos los equipos consumidores de energía, como los de iluminación, calefacción o refrigeración, que tras la intervención anterior, en muchos casos, requerirán una potencia menor a la que requerían anteriormente, dado que su uso va a ser menos numeroso en tiempo y capacidad.

Y ya entonces, cuando hemos optimizado la demanda energética, reduciéndola al mínimo razonable, al tiempo que conseguimos las mejores condiciones térmicas en el interior, sólo entonces, calculamos la demanda de energía necesaria para instalar las placas en nuestra cubierta, que posiblemente requerirá la mitad de superficie en relación a la que hubiéramos necesitado si partimos directamente con esta medida.

Pues esto, que es obvio para cualquier técnico (aunque alguno mire para otro lado cuando su interés empresarial lo requiere), no lo es para la sociedad en general (por lógico desconocimiento) pero, sobre todo, tampoco lo es para muchas Administraciones (a todas las escalas) que, en contra de actuar correctamente, dando ejemplo (estas cuentan con técnicos que, en principio debidamente formados, deben asesorar en cuanto a cuáles son las mejores actuaciones a acometer), siguen el camino fácil de agarrar la subvención de turno y ponerse la medalla de sostenible sin actuar con el mínimo criterio.

Y esto lo podemos aseverar de forma tan contundente porque, ya nos ha sucedido en varias ocasiones que, tras ser requerido por una Administración para la instalación de energías renovables, le hemos explicado este planteamiento y su respuesta ha sido llamar al siguiente de la lista, que más listo o practico que nosotros, ha accedido a conceder sus demanda sin más miramiento. Y así vemos como las administraciones se llenan de edificios que son verdaderos sumideros de energía pero con sus placas solares en cubierta y copando titulares, indicando lo sostenible y eficiente que se están convirtiendo nuestras administraciones.

2 comentarios:

  1. Informe razonable respecto al tratamiento de los edificios. A veces complicado por la antigüedad del parque de edificios en nuestras ciudades. Ojo no necesariamente sistema de paneles para la energía. Nos hemos olvidado de otras energías limpias y no contaminantes como nucleares e hidráulicas. La energía de los paneles es cara y poco eficiente. Suministro de energía no contaminante urbana y diseño adecuado de la Red interna de EE del edificio estudio integral.

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    1. Estimad@ lector/a:

      Precisamente, la gran antigüedad del parque edificado de nuestras ciudades obliga a actuar en unas envolventes diseñadas bajo unos estándares muy bajos o nulos de eficiencia energética, antes de realizar cualquier otra actuación. Lo contrario sería derrochar la energía de climatización, que se perderá, en su mayoría, por fachadas y cubierta.

      En cuanto la alternativa a la energía solar, es cierto que existen sistemas más eficientes, pero éstos ya no dependen del usuario final, sino de la Administración y, dado que vemos que ésta no está haciendo las cosas bien, los ciudadanos debemos empoderarnos para no seguir a expensas de, por ejemplo, subidas abusivas de la luz, como la que estamos sufriendo. En este sentido, la oferta de energías que podemos implantar en nuestros edificios es limitada: fotovoltaica, térmica, mini-eólica, biomasa??,...

      Muy de acuerdo con que el estudio de EE ha de hacerse del conjunto del edificio, estudiándolo como un todo.

      Muchas gracias por el comentario y por leernos.

      Atentamente, un saludo.

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