En los últimos años asistimos a un despliegue sin precedentes de licitaciones públicas y planes de financiación europea (Fondos NextGenerationEU, Plan PIREP, Programas PREE) orientados a la modernización y mejora de la eficiencia energética en el parque edificado. Sin embargo, bajo el paraguas conceptual de la sostenibilidad, se ha consolidado una imprecisión terminológica recurrente y conceptualmente grave en los Pliegos de Prescripciones Técnicas (PPT) de las administraciones públicas: la equiparación errónea de la bioclimatización tanto con la climatización activa eficiente (como la refrigeración evaporativa/adiabática) como con la simple instalación de energías renovables mediante paneles solares fotovoltaicos.

¿Estamos aplicando verdaderas estrategias pasivas de diseño adaptativo o nos limitamos a colocar captadores en la cubierta y sustituir equipos electromecánicos mientras etiquetamos el resultado como "arquitectura ecológica"? Casos tan paradigmáticos como el del CEIP El Santiscal en Arcos de la Frontera —donde se aunan ambos tópicos bajo el sello de la "bioclimatización"— o la recurrente licitación de módulos fotovoltaicos en colegios públicos (como las recientes iniciativas en Las Palmas de Gran Canaria) evidencian cómo la perversión del lenguaje técnico en la contratación pública desvirtúa los proyectos de rehabilitación energética, invierte la jerarquía lógica de intervención, relega las soluciones pasivas esenciales a un plano inexistente e incurre en un costoso greenwashing institucional a expensas del erario público.

