9 de diciembre de 2020

El sobrecalentamiento en el HE 2019

Los problemas de sobrecalentamiento de la Torre Bolueta, el edificio Passivhaus más alto del mundo, inaugurada en 2018, han vuelto a sacar a la luz una cuestión que se lleva discutiendo "entre dientes" por expertos en sostenibilidad arquitectónica desde hace años, la conveniencia o no de exportar hacia zonas templadas y cálidas, como España, dicho estándar, originario de climas muchos más fríos, y los problemas que ello puede suponer.

El pasado 20 de diciembre se aprobó el Real Decreto que modifica el código técnico de la edificación con importantes cambios en el documento básico HE de Ahorro de Energía. La modificación DB-HE revisa las exigencias en cuanto a requisitos mínimos de eficiencia energética de acuerdo a la Directiva 2010/31/UE que especifica que dichos requisitos se revisarán periódicamente a intervalos no superiores a cinco años, con el fin de adaptarlos a los avances técnicos del sector de la construcción. Los edificios que se construyan a partir de la entrada en vigor del nuevo DB-HE deberán incrementar la eficiencia energética y la contribución de energía procedente de fuentes renovables ya que se les exige un ahorro del 40% de consumo de energía primaria no renovable respecto a las exigencias actuales.

El cambio más significativo de este nuevo documento se encuentra en la eliminación de la exigencia directa de los límites de la demanda energética de calefacción (Dcal,lim) y refrigeración (Dref,lim) del edificio como indicador reglamentario, de la versión anterior. 

El objetivo de conseguir edificios con muy baja demanda de energía se verifica ahora, de forma indirecta, controlando la calidad de la envolvente a través de tres nuevos parámetros que responden a las tres formas de transmisión de la energía:

El control de la demanda, por tanto, en la nueva reglamentación se ha sustituido por el de:

  • las necesidades de energía del edificio, representadas por el Consumo de Energía Primaria Total (Cep,tot)
  • la Calidad de la envolvente, evaluada a través de 3 nuevos parámetros: la transmitancia térmica global (K), el control solar (qsol;jul) y la permeabilidad del edificio (n50)

Para ello, se endurece, en gran medida, cuestiones como la transmitancia térmica de cada elemento perteneciente a la envolvente térmica del edificio o la permeabilidad al aire (estanqueidad).

Todas estas medidas se alinean con el estándar Passivhaus, basado en: un gran aislamiento térmico y eliminación de los puentes térmicos, un riguroso control de infiltraciones y una máxima calidad del aire interior mediante ventilación mecánica con recuperadores de calor, además de aprovechar la energía del sol para una mejor climatización.


Esta estrategia, de origen alemán, se presenta como la herramienta más eficaz para proyectar y construir los EECN, y realmente los resultados obtenidos en el centro y norte de Europa parecen corroborarlo. Sin embargo, en climas templados y/o cálidos -como los que podemos encontrar en el sur de Europa o, incluso, en las Islas Canarias-, el riesgo de sufrir sobrecalentamientos, además del dudoso retorno en la inversión que supone el sobrecosto de construcción y mantenimiento de estos edificios, está poniendo en tela de juicio su aplicación en estas regiones.

En relación a la cuestión específica del sobrecalentamiento, si analizamos los nuevos parámetros por los cuales esta última revisión del documento controla la calidad de la envolvente: la transmitancia térmica global (K), el control solar (qsol;jul) y la permeabilidad del edificio (n50Q100), podemos observar que los más exigentes -los referentes al aislamiento y la estanqueidad- sólo tienen en cuenta la severidad climática de invierno, mientras que el único aspecto para evitar el ascenso descontrolado del mercurio en el interior de los edificios, se establece en base a dos valores, comunes para todas las severidades climáticas de verano, únicamente dependiendo de si se trata de un edificio para uso residencial privado (2) o para otros usos (4).



Además, este parámetro, denominado control solar de la envolvente térmica, cuantifica la capacidad del edificio para bloquear la radiación solar con la activación completa de los dispositivos de sombra móviles, es decir, con el cerramiento total de persianas y cortinas, y toldos completamente extendidos, algo que evidentemente no se va a dar durante el funcionamiento normal del edificio a lo largo de un mes de julio cualquiera. Esto hace que su cumplimiento sea relativamente sencillo: la instalación de persianas en todos los huecos, siempre mejor por el exterior y de colores claros, es una medida rápida y fácil de conseguirlo.

Y es que, aunque mejorar o incrementar el aislamiento térmico de los cerramientos exteriores, colocar ventanas con un buen comportamiento térmico (RPT y bajo emisivo) y prestar atención a la estanqueidad del edificio son las mejores estrategias para las condiciones de invierno, en ocasiones, pueden resultar contraproducentes para las condiciones de verano (especialmente en regiones donde las temperaturas exteriores no superen, durante la mayoría del período estival, los 32º y, por tanto, el empleo de los equipos mecánicos de refrigeración puedan ser sustituidos, en gran medida, por estrategias bioclimáticas), puesto que consiguen acumular el calor interior, que se genera gracias a las ganancias solares -a través de los elementos semitransparentes- y de las cargas internas -debido al calor producido por los ocupantes, la iluminación y los equipos, que pueden suponer un incremento de temperatura interior de entre 1 y 5º C (entre 1 y 2º C en el caso de viviendas)-.

En contraposición, las estrategias más adecuadas para las condiciones estivales, en aquellos climas con un verano no excesivamente riguroso, se basan en un diseño marcado por las protecciones solares -por medio de elementos de sombreamiento, vidrios especiales de de control solar, fachadas y cubiertas ventiladas, entre otras-, el empleo de sumideros de calor -gracias a edificios poco aislados y evitando el aislamiento en contacto con el terreno- y favorecer la ventilación cruzada y nocturna. Hay que tener en cuenta, en este aspecto, que la ventilación cruzada, además de extraer los excesos de temperatura y humedad del interior de los edificios, es capaz de reducir la sensación térmica hasta 5º sin necesidad de que el termómetro baje realmente, con lo que genera situaciones de confort con temperaturas ligeramente superiores a los 30º, algo que, a falta de condiciones naturales para que dicha ventilación se garantice, se puede forzar por medio de ventiladores, que tienen un consumo similar al de una bombilla. Sin embargo, estas medidas chocan con las propuestas por el estándar Passivhaus y las impuestas por el HE 2019, lo que lleva, como se ha comprobado en el edificio bilbaíno, a problemas en la época estival.

Por tanto, y a pesar de que debido a las numerosas críticas en este aspecto, el estándar alemán ha realizado una adaptación a los climas templados, aun sigue siendo más que dudosa su adecuación a regiones caracterizadas por sus condiciones de verano, donde el coste de inversión y mantenimiento, junto con la implantación de estrategias más propias de climas fríos que cálidos puedan resultar adecuadas y rentables.

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