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15 de octubre de 2018

Posición relativa de la edificación y el terreno

El lugar que ocupa una edificación con respecto al terreno donde se asienta no es una cuestión baladí. Desde una vivienda sobreelevada a la arquitectura troglodita, la posición relativa puede suponer serios condicionantes en cuanto a estabilidad estructural, protección ante los agentes atmosféricos o el comportamiento térmico en el interior del inmueble. Sobre este último aspecto hablaremos a continuación.
Esquemas palafito warao.
Fuente: SISTEMAS BIOCLIMÁTICOS Y ADAPTACIÓN AL MEDIO DE LA ARQUITECTURA PALAFÍTICA WARAO. EL JANOCO

Una de las primeras decisiones de diseño a la hora de proyectar un edificio, es decidir la relación que se va a producir entre éste y el plano del suelo. Hay muchos factores que van a influir en esta decisión: desde cuestiones estéticas -un edificio etéreo, volando, u otro integrado que forma parte del terreno-, a cuestiones de entorno -elevado para acceder a las vistas y sortear las inundaciones o enterrado para protegerse de los vientos- pasando por razones estructurales -sobreelevados con sistema de péndulo para resistir los terremotos o apoyados en el terreno para reforzar un sistema constructivo débil-, etc.

Pero el factor de mayor importancia es conocer cuáles deben ser las estrategias bioclimáticas que necesitamos emplear para conseguir las correctas condiciones de confort en el interior, en relación a los condicionantes exteriores del lugar donde se sitúa el objeto arquitectónico. En este sentido, la posición relativa del inmueble tiene mucha importancia.

En general, en el caso de climas cálido-secos y templados -marcados por las altas variaciones de temperatura entre día y la noche, o a lo largo del año-, su estrategia bioclimática se basará en introducirse en el terreno: en enterrarse.

El terreno es un gran aislante, por lo que a medida que nos enterramos es más fácil de obtener la estabilidad térmica, gracias al excepcional aislamiento térmico que proporciona el abrigo del terreno, generando un micro-clima ideal en su interior con temperaturas relativamente constantes a lo largo del año.


Casas enterradas y semienterradas. Fuente: Viviendas bioclimáticas en Galicia

En este sentido, la arquitectura enterrada o troglodita, posee un excelente comportamiento térmico, independientemente de las oscilaciones térmicas del ambiente exterior que se producen de forma tanto anual como diaria. Consiguiendo que dichas oscilaciones sean imperceptibles en el interior y consiguiendo la estabilidad térmica. Haciendo prácticamente inapreciable la incidencia del clima sobre la construcción y permitiendo alcanzar situaciones de confort en el interior de las edificacionesSe considera habitualmente que a una profundidad entre 0,5 y 1,5 m. la temperatura no varía a lo largo de un día y que coincide con la media diaria y que a 15 m. la temperatura no varía a lo largo del año.

En el caso, sin embargo, de que nos encontremos con un clima cálido-húmedo buscaremos la máxima ventilación para refrigerar la vivienda, disipando el calor y eliminando el exceso de humedad. Por tanto, deberemos reducir su compacidad, o lo que es lo mismo, aumentar al máximo su factor de forma, es decir, la relación entre la superficie de la envolvente del edificio y el volumen que alberga. Para ello, obtener una nueva fachada resulta una estrategia muy interesante. Algo que podemos conseguir de forma muy sencilla si separamos el edificio del terreno y hacemos que el suelo del mismo sea un nuevo elemento en contacto con el aire exterior.

1.Clima frío  2.Clima templado  3.Clima cálido seco  4.Clima cálido húmedo.
Fuente: HUELLAS DE ARQUITECTURA

En una situación intermedia a las anteriores, se encuentran las estrategias bioclimáticas para los climas templados suaves, que deben ser flexibles y fácilmente adaptables a las circunstancias climáticas variantes. Esto se consigue con la creación de de espacios intermedios entre el interior y el exterior, el empleo de los patios, el empleo de voladizos, el empleo de materiales aislantes o las cámaras de aire, etc.

También, esta situación intermedia, es adecuada en climas fríos, donde importa más conseguir un buen aislamiento que la inercia térmica, para mantener el calor en su interior por medio de la conservación de la energía.

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