3 de junio de 2019

Relación entre eficiencia energética y confort

En principio, la eficiencia energética y el confort térmico del edificio son dos conceptos muy diferentes e independientes. Es más, si es un purista en esta cuestión le recomiendo que no siga leyendo el artículo para que no se le atragante. Sin embargo, si es de la opinión de que nada en la vida funciona en cajones estancos y que todo, de un modo u otro, está o puede estar conectado, veamos si es posible que exista una relación entre estos dos términos.
Resultado de la calificación energética de un inmueble realizada con el CE3X, presentando los valores parciales de la demanda energética de calefacción y refrigeración


El confort térmico es un delicado equilibrio entre un gran número de factores que si uno sólo de ellos se descompensa de forma marcada puede dar al traste el equilibrio de todos los demás. Los principales factores que influyen en el confort térmico interior son la temperatura del aire, la temperatura radiante media, la velocidad relativa del aire, la humedad relativa o la presión parcial del vapor de agua, la diferencia de temperatura vertical, el contacto con superficies frías o calientes (puentes térmicos), etc. Sin embargo, también es cierto que algunos de ellos tienen más peso que los demás, como le pasa a la temperatura del aire (tal vez el más importante) o la humedad relativa y otros son fácilmente controlables dentro de un edificio como la velocidad relativa del aire.


Por otro lado, la herramienta para calcular la eficiencia energética de los edificios es el certificado energético, que mide el consumo de energía necesaria para satisfacer anualmente la demanda energética del edificio en unas condiciones normales de funcionamiento y ocupación. Es decir, la calificación energética se obtiene de la energía consumida por el edificio para satisfacer, en unas condiciones climáticas determinadas, las necesidades asociadas a unas condiciones normales de funcionamiento y ocupación, que incluirá la energía consumida en: calefacción, refrigeración, ventilación, producción de agua caliente sanitaria y, en su caso, iluminación; a fin de mantener las condiciones de confort térmico y lumínico así como la calidad del aire interior.

El resultado que nos aporta a priori el certificado o etiqueta energética, poco o nada se puede relacionar con el confort, ya que habla de las emisiones de CO2 y el consumo de energía (no renovable) del edificio generados por los equipos de calefacción, refrigeración, ventilación, producción de agua caliente sanitaria e iluminación.

Apartado 3, del Anexo II del informe del Certificado de eficiencia energética de edificios

Sin embargo, con la calificación parcial de la demanda energética de calefacción y refrigeración, que nos indica la energía necesaria para mantener las condiciones internas de confort del edificio, podemos tener una noción clara del buen o mal comportamiento térmico del edificio, ya que cuanto mayor sea la demanda de energía necesaria para obtener unas condiciones de temperatura de confort interior, menor es la calidad térmica interior y por tanto peores las condiciones de confort, debido a que siempre es más confortable un inmueble que obtiene mayoritariamente las condiciones adecuadas térmicas interiores por su envolvente, es decir de forma bioclimática, que aquel muy descompensado térmicamente y en el que es necesario un gran apoyo de equipos de calefacción y/o climatización.

A pesar de que el certificado energético sólo se basa en valores de temperatura del aire, despreciando importantes aspectos ya mencionados para obtener el confort térmico -como la humedad relativa o la ventilación, entre otros- y que los resultados del certificado energético en algunos casos son cuestionables, principalmente en edificios bioclimáticos donde las estrategias para obtener el confort interior se basan en medidas que dicho documento no contempla -como la ventilación cruzada o la influencia de la humedad del aire-, este aspecto puede ser un indicador más que orientativo, en la mayoría de los edificios convencionales, para estimar la calidad térmica en su interior a lo largo del año.

Con todo esto, podemos concluir que, si bien el certificado energético no es una herramienta diseñada específicamente para estimar el nivel de confort térmico de un edifico, sí es ciento que los datos aportados en el punto 3 del anexo 2 de dicho documento -Calificación parcial de la demanda energética de calefacción y refrigeración- nos da unos parámetros objetivos para aproximarnos al nivel de confort interior del inmueble.


Autor: 
Eduardo Martín del Toro, Dr. Arquitecto y Máster en Medio Ambiente y Arquitectura Bioclimática, propietario de Del Toro & Antúnez ARQUITECTOS.

2 comentarios:

  1. El confort termico es dificilmente mensurable, ya que esta intimamente ligado a las espectativas personales. Por su parte las espectativas personales no estan libres del efecto de la publicidad y de los paradigmas que teenmos en nuestra cabeza sobre lo correcto y sobre todo lo que implica pertenecer al mundo "desarrolado", lo cual en su conjunto implica el uso de la tecnologia y por consiguiente el gasto energetico. Que aumenta y aumenta a pesar de todas las directivas. quiero decir que el concepto confort termico se construye y varia a lo largo del tiempo. El problema es que en estos momentos, el paradigma que construimos en nuestra cabeza al respecto nos esta llevando por un camino sin retorno. Tenemos que trabajar para ir en la direccion opuesta, aprender a vivir mas alla del supuesto confort termico, recuperar esa capacidad que hemos perdido, ampliar el rango de temperaturas de confort. Es perverso que, en nombre de la eficiencia energetica se trabaje para consumir mas energia, generar mas basura, empeorar la situacion del planeta.

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    1. Estimada Elina:

      Efectivamente, el concepto de confort es subjetivo, siendo el resultado de la combinación compleja de factores extrínsecos (la temperatura, la humedad, el ruido, etc.) e intrínsecos (estado de saludo, hambre, sed, cansancio, estrés, etc.) (ver https://blog.deltoroantunez.com/2017/09/confort-termico-condiciones-endogenas.html).

      Arquitectónicamente es necesario determinar los parámetros que permitan
      conseguir la sensación plena de bienestar, y concretarlos en condiciones específicas de diseño. Pero, dada la complejidad de los parámetros que intervienen en el confort y el evidente margen que existe a la hora de su definición, ya que se trata de un hecho estadístico, las condiciones interiores de confort, en función de parámetros ambientales, se tratan con diagramas en los que se señalan zonas de bienestar de mayor o menor amplitud (ver https://blog.deltoroantunez.com/2018/12/los-diagramas-bioclimaticos.html).

      También es cierto, que a medida que aumenta la posibilidad de controlar las condiciones de humedad y temperatura interior de los inmuebles, aumenta nuestro nivel de exigencia (del mismo modo que la presencia de alguna gotera en invierno en las casas tradicionales era algo común y si hoy nos aparece una gotera en nuestra casa inmediatamente denunciamos a la empresa constructora).

      Pero en lo que discrepo con su razonamiento es que sea necesario bajar nuestro nivel de exigencia. Lo que debemos hacer es diseñar edificios bioclimáticos o pasivos que reduzcan o eliminen la necesidad del empleo de los equipos de climatización gracias a un correcto aprovechamiento de las energías naturales, algo que por desgracia no se está realizando en la arquitectura contemporánea. De esta manera podremos conseguir vivir con altos estándares de calidad y confort sin necesidad de consumir ingentes cantidades de energía (ver https://blog.deltoroantunez.com/2016/09/acondicionar-no-es-climatizar.html).

      Muchas gracias por leernos y por su comentario.

      Atentamente, un saludo.

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