24 de octubre de 2013

La CEE no es sólo cuestión de gasto, también de salud

Desde la publicación del Real Decreto 235/2013, por el que se aprueba el procedimiento básico para la certificación de la eficiencia energética de los edificios, en el «BOE» núm. 89, del pasado 13 de abril de 2013, muchos se ha escrito sobre los innumerables beneficios que su entrada en vigor nos puede proporcionar: desde la oportunidad para luchar contra el desempleo en el sector de la construcción, a la crucial información que este certificado arroja sobre los consumos energético de los inmuebles y su repercusión económica el las facturas energéticas, así como la posibilidad de controlar las emisiones de CO2 que nuestros edificios arrojan al ambiente.
Factores del confort térmico. Fuente: Maria Blender
Pero, sin embargo, muy poco se ha hablado del aspecto tal vez más importante para los usuarios: ¿cómo podemos beneficiarnos de la información que nos aporta el certificado energético para mejorar las condiciones de confort de nuestros inmuebles? Y por tanto tener una mejor calidad de vida, huyendo de los edificios enfermos.
La aparente finalidad del certificado energético de los edificios es conocer los consumos de energía y emisiones de CO2 que resultarían de dicho inmueble en unas condiciones normales de funcionamiento y ocupación, con el fin de que los propietarios o arrendatarios del edificio o de una unidad de éste puedan comparar y evaluar su eficiencia energética. El conocimiento de este nuevo dato entrará a formar parte de los factores que influyen en el precio de mercado -del mismo modo que ya lo eran la localización, la superficie, la presencia de ascensor o plaza de garaje, etc.- y por tanto, la presión del mercado y las ayudas a la rehabilitación favorecerán que los propietarios de los inmuebles realicen obras de mejora, reduciéndose la dependencia de nuestro país de los combustibles fósiles a tiempo que seguimos la dirección de los objetivos marcados por el Protocolo de Kioto sobre el cambio climático.

Sin embargo, el informe generado por las herramientas informáticas promovidas por el Ministerio de Industria, Energía y Turismo, a través del IDAE, y por el Ministerio de Fomento, que permite obtener la certificación de eficiencia energética de un edificio, en su ANEXO II: CALIFICACIÓN ENERGÉTICA DEL EDIFICIO, además de indicarnos los mencionados valores de Emisiones globales [kgCO2/m2∙año] en el apartado 1. CALIFICACIÓN ENERGÉTICA DEL EDIFICIO y el Consumo global de energía primaria [kWh/m2∙año] en el apartado 3. CALIFICACIÓN PARCIAL DEL CONSUMO DE ENERGÍA PRIMARIA, nos muestra una información aparentemente irrelevante: la CALIFICACIÓN PARCIAL DE LA DEMANDA ENERGÉTICA DE CALEFACCIÓN Y REFRIGERACIÓN, es decir, la energía necesaria para mantener las condiciones internas de confort del edificio.


Estos valores -expresados en [kWh/m2∙año] y mediante indicadores energéticos (letras de la A a la G)- nos están mostrando cuanta energía sería necesaria aportar a unos equipos de climatización (refrigeración y calefacción), existan o no, para conseguir unas condiciones de confort térmico en el interior del inmueble.

Climograma de Givoni

Por consiguiente, unos altos valores energéticos en este apartado, o lo que es lo mismo, un mal indicador energético (F ó G), nos está mostrando que las condiciones interiores de nuestro inmueble distan mucho de las adecuadas para habitar ese espacio, y entonces, o tenemos unos equipos de climatización que están trabajando de forma desmedida, convirtiéndose en unos sumideros energéticos, o por el contrario, no tenemos instalados equipos de climatización y estamos sufriendo unas condiciones térmicas interiores que están poniendo en peligro nuestra salud.

Carta Bioclimática de Olgyay

Si bien los parámetros bioclimáticos (temperatura, humedad, viento y radiación) necesarios para obtener en el interior del inmueble la sensación de confort van más allá que únicamente conocer, o estimar, la temperatura interior, este valor posiblemente sea el que más peso tiene. Y aunque la velocidad de aire pueda reducir la sensación térmica o la deshumidificación la sensación de frío, una temperatura extremadamente alta o baja, no puede ser acondicionada a través del resto de los parámetros.


Es por tanto, que como técnicos debemos explicar este aspecto tan importante del certificado a nuestros clientes, para que éstos, a su vez, conozcan las condiciones térmicas en la que están residiendo y, sobre todo, las consecuencias para la salud que tiene permanecer de forma prolongada en edificios con valores higrotérmicos fuera del rango de confort.


Entonces, sólo nos queda a los técnicos demostrar al usuario de un inmueble con disconfort térmico que una rehabilitación [energética], aunque pudiera no tener un gran peso en el ahorro de sus facturas, si lo tendrá en una mejora de la calidad de vida y que ahorrar en salud es también es ahorrar dinero.

* Este artículo posee una gran cantidad de hipervículos, los cuales recomendamos que sean visitados por el lector, debido a que completan la información mostrada, puesto que de lo contrario, la dimensión de este post hubiera sido de difícil digestión.


Autor: 
Eduardo Martín del Toro, Dr. Arquitecto y Máster en Medio Ambiente y Arquitectura Bioclimática, propietario de Del Toro & Antúnez ARQUITECTOS 

3 comentarios:

  1. Me ha gustado vuestra visión, que creo que aporta algo de aire fresco a los argumentos utilizados hasta ahora por los técnicos. Argumentos, en mi opinión, demasiado alejados de los intereses del cliente potencial.

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    1. Estimados amigos de BS:

      Como siempre, muchas gracias por leernos y por apoyar nuestra visión profesional del certificado energético más allá del simple hecho de cumplir la ley.

      Esperemos que los clientes sepan valorar la diferencia entre un técnico bien formado que trabaja de forma profesional y el que ofrece el certificado energético por "cuatro perras" sin ofrecer ninguna garantía.

      Atentamente, un saludo.

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  2. Estimada María:

    Un esquema muy didáctico. Muchas gracias a ti por la aportación.

    Saludos.

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