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2 de julio de 2019

El radón en la vivienda

En una entrada anterior hemos visto las medidas que, desde el CTE, se van a tomar en los nuevos edificios contra el gas considerado como la fuente más frecuente de radiación natural: el radón. ¿Pero qué hacemos los que vivimos en edificios existentes construidos bajo unas normativas que no tenían en cuenta de ningún modo el peligro que supone este gas incoloro, inodoro e insípido?
Fuente: OCU
El primer paso es no alarmarse, ya que los edificios contienen radón en concentraciones habitualmente bajas. Las condiciones que se han de dar para que en nuestra vivienda nos encontremos ante unas concentraciones de radón peligrosas depende de la conjunción de varios aspectos.

En primer lugar, hemos de encontrarnos en suelos en los que, debido a su geología, sea probable encontrar niveles elevados. Para ello hemos de ir al Mapa del potencial de radón de España, elaborado por el Consejo de Seguridad Nuclear y ver si nuestra vivienda se encuentra en una zona con potencial de radón:

Zonas con potencial de radón (P90) > 300 Bq/m3. Fuente: Consejo de Seguridad Nuclear

El no estar en una zona con potencial de radón no descarta directamente la presencia de radón, pero reduce mucho sus probabilidades, del mismo modo que residir sobre una de estas zonas no indica directamente que en el interior de nuestra vivienda existan valores peligrosos de radón.

Un segundo aspecto a tener en cuenta es la morfología de nuestra vivienda. Es decir, lo cerca que estemos a la fuente de radón, el suelo, y la facilidad que tenga éste para entrar en la vivienda o para ser expulsado.

En este sentido, en principio los sótanos, semisótanos y primeras plantas suelen ser los espacios más afectados por este gas (por encima de la segunda planta es muy improbable encontrar altas concentraciones), así como la tipología de casa-cuevas. La permeabilidad de la construcción es también importante ya que es lo que va a permitir que el gas se introduzca, pero es muy poco probable que una vivienda existente sea muy impermeable al paso de algo tan volátil como un gas.



En último lugar, a pesar de encontrarnos sobre un suelo emisor de radón, en una arquitectura en contacto con dicho terreno y con vías de entrada del gas, lo importante es que dicho elemento radioactivo no se acumule en la vivienda. La medida más barata y eficaz para evitarlo es la ventilación.

En principio, el exceso de ventilación es enemiga de la eficiencia energética. Principalmente en invierno, las renovaciones de aire son causa del aumento de la demanda de calefacción. Sin embargo en verano, la ventilación abundante es una aliada en la refrigeración ya que el aire en movimiento disminuye la sensación térmica: gracias a la ventilación cruzada podemos reducir la percepción de calor unos 5º C.

Dado que la generación de calor es más eficiente que la de frío, en aquellos climas templados o calurosos, podemos compensar el sobrecoste de calefacción con los ahorros en refrigeración en una arquitectura generosamente ventilada, además de que es evidente que es más sano gastar algo más de dinero en climatización con tal de asegurarnos que no existen altas concentraciones de un gas venenoso en nuestras viviendas.

Debido a todos estos factores, la concentración de radón es muy variable espacialmente, las medidas directas en su vivienda son el indicador más fiable del riesgo al que está expuesto cada persona. Por tanto, si deseamos saber con exactitud los niveles de radón que existe en nuestro inmueble, existen aparatos de medición que nos pueden aportar ese valor. En este sentido siempre es recomendable que la medición se realice por personal especializado que sepa realizar correctamente el proceso de medición e interpretar correctamente los resultados en un laboratorio acreditado para la medida de radón en el aire según la ISO 17025.


Detectores pasivos de de trazas nucleares Radtrak²®. Fuente: radoncanarias.com

La medida de radón en viviendas normalmente se lleva a cabo con dos detectores pasivos de de trazas nucleares, por su bajo coste y robustez (normalmente uno ubicado en el dormitorio principal y el otro en la sala de estar), expuestos durante un periodo de tiempo de al menos tres meses, evitando la época estival, para poder compensar las variaciones en la concentración de radón que se producen cada día, que deben de ser sometidos a un proceso de lectura posterior para obtener la concentración integrada de radón.

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