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25 de febrero de 2019

El hormigón armado como material sostenible

Existe una serie de materiales de construcción por todos reconocidos como sostenibles, como la tierra, la madera o la paja y, del mismo modo, los hay también aquellos que se alejan totalmente de este concepto, como el amianto o los disolventes orgánicos, emisores de compuestos orgánicos volátiles (COV). Pero entre ambos grupos se encuentran la gran mayoría de los materiales, que no son claramente sostenible, ni lo contrario. En este sentido son de alto interés aquellos que, a pesar de no ser considerados como totalmente sostenibles, se acercan por sus características a ellos y, por otro lado, son muy accesibles y económicos.

Hay un principio básico que parece ser de común aceptación y es que los materiales naturales son sostenibles y los artificiales o sintéticos no lo son. Este paralelismo, que si bien se da en muchos casos, no siempre es cierto y hay materiales naturales, como por ejemplo el granito que emite radiación de radón -que produce cáncer- o, por el contrario, materiales sintéticos inertes que no afectan a los usuarios, como los plásticos no clorados (polipropileno, polibutileno y polietileno) que son mejor opción frente a otros materiales naturales como cobre, plomo, hierro, etc., ya que su fabricación es menos contaminante y no se utilizan colas tóxicas para su ensamblaje en la obra. 

Hay muchos factores que se tienen en cuenta a la hora de evaluar si un producto, proceso o edificio es sostenible, como por ejemplo el que no sea contaminante, que produzca los menos residuos posibles, que estos residuos sean fácilmente reciclables o reutilizables, que consuma poca energía tanto en su proceso de fabricación, uso o demolición, etc. Pero hay otros factores que frecuentemente son olvidados o rara vez son tenidos en cuenta, como pueden ser la vida útil de esos materiales, sus requerimientos de mantenimiento, su coste o facilidad de acceso y uso o el tipo de arquitectura que podemos desarrollar con ellos.

Es decir, existen materiales o sistemas constructivos que pueden ser más respetuosos con el medio ambiente o que precisan de poca energía para su fabricación y/o mantenimiento pero que, sin embargo, puede ser que su expectativa de vida sea relativamente corta. Por contra, otros materiales que tal vez precisen más energía en su puesta en obra o que su reciclaje sea más complejo o menos efectivo, puedan competir en cuanto sostenibilidad con los primeros debido a su larga duración de vida y poca necesidad de mantenimiento.

En este sentido, el hormigón armado puede ser uno de estos sistemas constructivos. Es un elemento compuesto de cemento portland, áridos y acero, materiales no renovables que hay que extraer de la naturaleza y hay que modificar, por lo cual se necesitan unos valores altos de energía además del empleo de agua. Pero posee la ventaja de que es un material muy duradero y capaz de construir un tipo de arquitectura de densidad media alta, algo que también hay que tener en cuenta en un proceso de evaluación de sostenibilidad.

Vemos que cada día más, la madera está intentando conseguir levantar edificios de mayor altura, porque éste precisamente es uno de sus problemas. Un material natural, muy sostenible, reutilizable, reciclable, que necesita poca energía para su puesta en obra,... pero que si bien funciona perfectamente para viviendas unifamiliares o pequeños edificios, en principio no es el idóneo para grandes edificaciones, algo que la tecnología, con su avance, está subsanado. Por ésto, podemos decir que el talón de Aquilies de muchos de los materiales o sistemas constructivos que todos reconocemos como sostenibles -como el adobe o la propia madera- es que tienden a desarrollar una arquitectura extensiva, de baja densidad, con lo cual aunque no son estrategias constructivas depredadoras de materiales o de energía, sí los son de terreno/suelo, siendo éste otro bien muy preciado, y por tanto, es muy necesario tenerlo en cuenta a la hora de evaluar la sostenibilidad, siendo frecuentemente olvidado.

Por tanto, y volviendo al hormigón armado, podemos decir que es un material que si bien tiene unos consumos energéticos iniciales altos y su reciclaje no es tan fácil y provechoso como otros elementos constructivos, tal como la madera o el vidrio, sí es cierto que sale mejor parado a la hora de evaluar su durabilidad -su larga trayectoria de vida-, ya que  tiene un límite de edad de funcionamiento muy extendido, partiendo de una vida útil nominal de incluso 100 años, siempre teniendo en cuenta un mantenimiento mínimo, sobre todo en cuestiones relacionadas con la carbonatación del hormigón y la oxidación de las armaduras.



EHE: Tabla 5.1. Vida útil nominal de los diferentes tipos de estructura.


Con todo esto, podemos decir que si hacemos una relación entre el coste energético y material del hormigón y el tiempo en que va a estar en servicio, esa relación puede ser beneficiosa con respecto a otros materiales que, a priori, consumen menos energía en su puesta en obra.

Por otro lado, si a ese factor le sumamos el hecho de que permite una arquitectura de densidad media alta, en el que también -como hemos comentado en otros artículos- es la que se presenta como más sostenible por cuestiones de aprovechamiento de suelo, de servicios, de transporte público, etc. Pues tenemos que este material o sistema constructivo, que a primera vista no parece tan prometedor, va subiendo puntos y, en ciertas circunstancias, puede considerarse como un material sostenible.

Si a este hecho le sumamos el empleo de elementos reciclados en su composición, como áridos reciclados, provenientes de hormigones o de escorias industriales, etc. sigue mejorando y sigue ganado puntos en cuanto a su valoración en sostenibilidad.

Por todo esto, entendemos que el hormigón es un material que no se debe despreciar o eliminar a la ligera de cara a la construcción de edificios sostenibles, sino que se ha de evaluar en toda su complejidad para poder estimar o desestimar su uso, teniendo en cuenta factores como la longevidad de su funcionamiento o el tipo de arquitectura o modelo de ciudad que es capaz de desarrollarse con uno u otro material.

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