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20 de mayo de 2018

Arquitectura sostenible y salud

Que la arquitectura sostenible tiene múltiples beneficios -tanto para sus usuarios como para todo el planeta- es algo que hoy en día nadie pone en duda, pero muchas veces desconocemos todas las implicaciones positivas que esta arquitectura nos puede generar.
Sus  ventajas más conocidas son las importantes reducciones de consumos, en agua y energía, que la arquitectura sostenible genera con respecto a una arquitectura "convencional", y que suponen mejoras medioambientales -con la reducción de emisiones de CO2 o la no contaminación y destrucción de los acuíferos- o ahorros económicos para los usuarios, a través de la reducción de sus facturas.
Pero uno de los beneficios menos conocidos -y tal vez de los más importantes- es que las viviendas sostenibles son más sanas para sus ocupantes.


Una casa sostenible posibilita una situación de confort dentro de la vivienda, con unos adecuados rangos de temperatura, humedad y renovación del aire, fundamentales para tener unas condiciones de vida sana.

Su diseño bioclimático permite tener casas frescas en verano y cálidas en invierno, evitando valores excesivamente altos o bajos de humedad relativa del ambiente y asegurado unos niveles de renovación de aire suficientes para garantizar una adecuada calidad del mismo y la eliminación de los malos olores. Todo esto, además de generar un ambiente agradable para la vida, impide la presencia de condensaciones y humedades, que podrían dar lugar a la aparición de mohos y bacterias, con sus consiguientes problemas para la salud.

El control y medición de estos parámetros, así como la respuesta del edificio ante sus variaciones son fundamentales para conseguir estos beneficios. Para ello, es imprescindible un sistema que mida tanto los valores de temperatura y humedad como el de los consumos energéticos asociados y que permita de forma manual o -mejor aún- automatizada por medio de sistemas domóticos, la acción de medidas correctoras como la subida o bajada de persianas y estores, la apertura o cierre de ventanas para aumentar o reducir los niveles de ventilación y la activación de sistemas mecánicos de renovación de aire, la activación o desconexión de los equipos de climatización, etc.

Pero no sólo eso, esta arquitectura emplea materiales no contaminantes, es decir, aquellos que no emiten al ambienten productos tóxicos como bencenos o formaldehidos, ni materiales que emitan gases radiactivos como el radón.

Muchos, sin embargo, se justifican en un mayor coste de la arquitectura sostenible para decantarse por la "convencional", cuando sucede todo lo contrario: la arquitectura sostenible no tiene por qué suponer un mayor precio en su construcción (sí un mayor esfuerzo del proyectista) y cuando lo supone, es en incrementos de entorno el 10-15%, algo que se ve inmensamente compensado a lo largo de la vida útil de la vivienda en la reducción de las facturas (luz, agua, gas,...) y sobretodo -y lo más importante- de los costes asociados a la salud (médicos, medicamentos, etc.) por lo que, a todas luces, termina suponiendo siempre una arquitectura más barata.

Es por tanto, la arquitectura más adecuada si queremos vivir en un entorno que no sea agresivo para nuestro organismo y donde desarrollar un estilo de vida equilibrada que nos permita afrontar nuestro modo de vida de la forma más sana posible. De nada sirve seguir una buena alimentación, hacer ejercicio y cuidarnos si cuando llegamos a casa vivimos en un ambiente tóxico.
Y tú, ¿qué importancia le das a tu salud y a la de los tuyos? 
¿Cómo de sana es tu vivienda, el lugar donde pasas más de la mitad del tiempo de tu vida?

Fuente: Artículo elaborado por Eduardo Martín del Toro para Comparte Innovación (inédito).

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