6 de octubre de 2014

Incomodidad Térmica: Diferencia de temperatura horizontal

A la hora de estudiar el confort térmico en el interior de los inmuebles solemos tener en cuenta la temperatura del aire, la temperatura radiante media, la velocidad relativa del aire y la humedad relativa o la presión parcial del vapor de agua. Pero sin embargo se olvidan otros factores también muy importantes como las corrientes de aire, la diferencia de temperatura vertical, el contacto con superficies frías o calientes (puentes térmicos), etc.



En este caso, nos gustaría tratar un problema que nos hemos encontrado en demasiadas ocasiones, muy frecuente en locales de uso público como los de restauración. Nos referimos a la diferencia de temperatura horizontal.

El ejemplo más claro se produce cuando un local destinado al uso público situado en un clima cálido, busca abrirse al exterior y -para ello- su fachada principal esta ampliamente acristalada.

Si en este caso se suman una serie de factores, como una orientación SE, S o SO y que la carpintería (marcos y vidrios) no estén correctamente diseñados desde el punto de vista térmico -carpinterías de material aislante (madera o PVC) o con rotura de puente térmico y vidrios dobles o triples y con tratamiento de control solar- convertimos esa fachada en una importantísima fuente de cargas térmicas.

Pero el problema se agrava cuando -como intento de solución- se introduce un potente equipo de refrigeración, que entre a luchar con las importantes cargas térmicas.

Además de un sobre-coste energético y económico sin sentido, el resultado más común es la estratificación del espacio del local en tres zonas con condiciones climáticas totalmente diferentes:
  1. La zona más interior de la estancia, se convierte en una nevera, donde el efecto del potente equipo de aire acondicionado parece poner todo su énfasis, siendo necesario vestirse con un abrigo de pieles a pesar de esta en pleno verano.
  2. Por contra, el espacio próximo a la cristalera de la fachada se asemeja a un horno, ya que ningún equipo es capaz de hacer frente a las importantes cargar térmicas que entran a su través.
  3. Finalmente, el espacio intermedio entre ambos es el más amable, por lo que el propietario del local no se explica por qué todos sus clientes se agolpan en esa zona, dejando vacías las mesas cercanas a la cristalera y por tanto las de mejores vistas.
Este fenómeno que hemos explicado para un clima cálido, pude trasponerse fácilmente a uno frío, simplemente orientando el local al norte y sustituyendo el equipo de refrigeración por uno de calefacción.

Y es que -como ya hemos explicado muchas veces- el primer paso para conseguir el confort higrotérmico es a través de la actuación en la envolvente térmica (Arquitectura). Y sólo cuando hemos adecuado la envolvente del edificio a las condiciones del entorno (clima, orientación, vientos, condiciones del entorno,...) terminaremos de adaptar las condiciones higrotérmicas interiores con la tecnología (Ingeniería) sólo para aquellas situaciones tan extremas en que con el correcto diseño bioclimático no sea suficiente.


Este error común se produce al pensar que la eficiencia energética y el control térmico de un espacio, se realiza a posteriori del diseño de dicho espacio, a través de aparatos o "correctores" y no que es el resultado del correcto diseño del mismo. Este pensamiento, muy arraigado -e imposible de modificar en algunas situaciones- lleva a encontrarnos en demasiadas ocasiones circunstancias como la que exponemos.

Esperamos que poco a poco esta mentalidad vaya cambiando y que la sociedad se dé cuenta que el primer paso -y más importante- en la eficiencia energética y el confort higrotérmico es el correcto diseño de la envolvente y sus espacios; y que el mejor de los equipos sólo sirve de complemento o ayuda a lo anterior. Por tanto un magnífico sistema de climatización en un edificio mal diseñado nunca va a funcionar correctamente, al tiempo que su consumo energético va a ser desorbitado.

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