12 de diciembre de 2016

La energía reactiva y las baterías de condensadores

La factura eléctrica es una gran desconocida. Estamos pagando por conceptos que ignoramos, como tasas, impuestos, tensión o reactiva.
En este artículo intentamos dar un poco de luz a uno de los factores que tal vez podemos atajar en el coste de nuestras facturas: la energía reactiva.



La energía reactiva es la demanda extra de energía que algunos equipos de carácter inductivo necesitan para su funcionamiento. Esta energía reactiva reduce la eficiencia de las instalaciones ya que no produce trabajo útil debido a que su valor medio es nulo y es negativa para la red eléctrica en general. Por estos motivos, si la energía reactiva supera un porcentaje de la energía activa consumida se aplica una penalización en tu factura eléctrica.

En cualquier instalación eléctrica, ya sea de tipo doméstico o industrial, podemos diferenciar  tres clases de energía eléctrica, cuya presencia vendrá determinada por el tipo de aparatos eléctricos en uso:
  1. Energía activa: la energía activa es aquella que se transforma en su totalidad en trabajo “útil” (mecánico y/o calor) como, por ejemplo, el calentamiento de las resistencias en los sistemas de calefacción eléctrica y el movimiento de los motores de las máquinas de lavado. Esta energía se mide en KWh.
  2. Energía reactiva: la energía reactiva se utiliza para la generación de campos eléctricos y magnéticos de determinados receptores, como son los bobinados de motores y condensadores instalados en los ordenadores y equipos electrónicos. Por tanto, no se transforma en ningún tipo de trabajo denominado “útil”. Esta energía se mide en KVArh.
  3. Energía aparente: la energía aparente es la energía total de una instalación eléctrica, es decir, la suma resultante de la energía activa y reactiva. Esta energía se mide en KVA.
La energía reactiva se asocia aparatos que para su funcionamiento precisen de una bobina -es decir aquellos que funcionan con motores o transformadores- alimentados en corriente alterna -la intensidad cambia de sentido de circulación- y es necesaria para crear campos magnéticos y eléctricos en dichos componentes. Como ejemplos encontramos maquinaria industrial, ascensores, bombas, fluorescentes…

La energía reactiva no hay que producirla, pero sí, hay que transportarla, ya que ésta va y viene de nuestro consumo a la red 50 veces por segundo, provocando variaciones en la intensidad eléctrica de los circuitos, desencadenando sobrecarga en las líneas transformadoras y generadoras. Es decir, la energía reactiva no produce un trabajo útil y es necesario neutralizarla o compensarla.

Todo esto provoca que las compañías distribuidoras de energía tengan que realizar una mayor inversión en sus equipos de generación, tener mayor capacidad en las líneas de distribución así como en los transformadores para el trasporte y transformación de esta energía reactiva. Esta mayor capacidad genera unos costes que finalmente, nos trasladan aplicándolo en la factura como una penalización en concepto de energía reactiva.


Los usuarios con potencias contratadas de más de 15 KW tienen la obligación de tener instalados contadores de tarificación que registren la energía reactiva, aunque las compañías eléctricas pueden obligar a los usuarios con potencias menores o iguales a 15 KW a instalarlos cuando el consumo de energía reactiva supere el 50% de la energía activa. La penalización del consumo de energía reactiva se aplica cuando se supera el 33% de la energía activa consumida. 

Podemos decir entonces que es una energía “fantasma” que circula por la red, sin poder obtener ningún provecho de ésta porque no se puede transformar en otro tipo de energía útil, debiendo de pagar por el consumo que se realiza de ésta cuando sobrepasa determinados parámetros.


La eliminación de la energía reactiva se hace a través de la instalación de una batería de condensadores, compensando la energía reactiva, evitando así la penalización por reactiva y obteniendo un ahorro en tu factura eléctrica. Esta sencilla solución técnica te permitirá ahorrar desde el primer momento.

Además, la instalación de una batería de condensadores conlleva otras ventajas:

  • Evita penalizaciones por exceso de energía reactiva obteniendo así un ahorro en la factura eléctrica.
  • Aumenta la capacidad de las líneas y transformadores instalados.
  • Mejora la tensión de la red
  • Disminuye las pérdidas de energía en los cables y su calentamiento.
  • Consigue una reducción en el coste global de la energía.

Artículo realizado con la colaboración de INVERGIA

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