30 de octubre de 2017

La fachada norte, ¿es tan mala?

La fachada norte ha sido siempre demonizada en los ámbitos bioclimáticos (la sur para las zonas situadas en el hemisferio meridional): de la que hay que huir, donde no debemos abrir huecos, etc. 
¿Pero realmente es tan mala? ¿No tiene ninguna ventaja? ¿Es cierto que en todo caso debemos huir de ella?

La orientación norte es aquella que menos ganancias solares recibe a lo largo de todo el año, razón por la cual históricamente se ha huido de ella por considerarse como un sumidero de energía calorífica.

Evidentemente este miedo tiene más fundamento en aquellas regiones situadas a mayor latitud (es decir más cerca de los polos) o a mayor altitud, donde las temperaturas medias anuales son más bajas y que por tanto la ganancias solares toman mayor importancia.

Los huecos tradicionalmente han sido puntos térmicamente débiles, mal resueltos debido a los materiales constructivos disponibles: vidrios malos y carpinterías malas, por lo que, si no captaban energía debían reducirse a la mínima expresión funcional. Pero gracias a la evolución tecnológica de las carpinterías, que cada día son más estancas y aislantes -con por ejemplo triple vidrio, tratamientos bajo emisivos en sus lunas, argón en las cámaras, rotura de puente térmico y sistema de perfiles de triple junta- estas están llegando a unos niveles de prestaciones térmicas que se acercan a los de la parte ciega de la fachada, por lo que el miedo a las grandes pérdidas caloríficas a través de los huecos pierde fuerza.

Juntas de estanqueidad en Ventanas de PVC. Fuente: OnVentanas

La orientación norte también posee una serie de ventajas, y abrir huecos hacia esta orientación no sólo puede ser beneficioso, sino incluso necesario.

Desde el punto de vista de la iluminación, la orientación norte, al no recibir luz directa del Sol, ofrecen una iluminación más estática que los orientados hacia el sur, por el efecto de las nubes y de la posición del sol y tienen menos problemas de deslumbramiento, al tiempo que es una fuente de iluminación distribuida (luz difusa) que produce un tipo de iluminación suave, no direccional y libre de sombras, ideal para espacios de trabajo y de lectura, como aulas, bibliotecas, etc.

En climas donde las temperaturas altas son predominante a lo largo de todo o gran parte del año, es decir, donde las necesidades de calefacción en invierno sean mínimas y sin embargo las necesidades de enfriamiento en verano son dominantes, la entrada del sol directo se le considera inadecuada para propósitos de iluminación, ya que se le asocia con su alto contenido térmico. La orientación norte, sin embargo, excluye la luz directa de Sol y emplea únicamente la luz difusa del cielo que resulta de la refracción y de la reflexión de la luz del sol que atraviesa la atmósfera y que posee una mayor eficacia luminosa, es decir, una mayor proporción de flujo luminoso (luz) con una menor de flujo radiante (calor), más apropiado para estos climas.

Por otro lado, y de cara a la renovación del aire y el beneficio que generan las ventilaciones cruzadas, si contamos con huecos abiertos a la fachada sur, necesitaremos realizar la correspondiente apertura de huecos en la cara opuesta, la fachada norte, para generar el movimiento del aire mediante la diferencia de presión que se produce entre ambas. La ventilación perfecta es la que se establece desde la fachada más fresca hacia la más cálida; es decir, de norte a sur. Por tanto, en este caso los huecos cumplirán una función de ventilación notable.

En conclusión, hay que olvidarse del estereotipo del hueco a norte y valorarlo como un posible valor positivo en los climas cálidos.


Autor: 
Eduardo Martín del Toro, Dr. Arquitecto y Máster en Medio Ambiente y Arquitectura Bioclimática, propietario de Del Toro & Antúnez ARQUITECTOS.

No hay comentarios:

Publicar un comentario