6 de febrero de 2012

Edificio bioclimático que produce e intercambia energía con el exterior


La sede de la Agencia Andaluza de la Energía, ubicada en la Isla de la Cartuja (Sevilla) y proyectada por el despacho de César Ruiz-Larrea, cuenta con una serie de soluciones bioclimáticas innovadoras, entre ellas la “piel bioperfectible”, una envolvente industrializada y evolutiva, que permite que la fachada y la cubierta del edificio se comporten como la piel de un ser vivo.


La obra, ubicada en la Isla de la Cartuja (Sevilla) y proyectada por el despacho de César Ruiz- Larrea, es el resultado de un proceso que, atendiendo tanto a criterios energéticos como espaciales, permite llegar a un resultado arquitectónico libre de cualquier apriorismo formal.



El edificio se ha concebido como un organismo o máquina energética c
apaz de producir e intercambiar energía con el exterior de una manera óptima. Para su diseño, se ha partido de una matriz energética configurada según la trayectoria solar, la geometría urbana y la orientación de los vientos dominantes de la zona favoreciendo la permeabilidad del edificio al viento fresco de “La marea”. En esta trama geométrica y energética se han creado, además, zonas de enfriamiento natural utilizando patios, jardines y láminas de agua -surgidas de la reinterpretación de la arquitectura andalusí- que permiten una atenuación significativa de la temperatura ambiente, reduciendo así el consumo en refrigeración convencional.


Entre las soluciones bioclimáticas innovadoras que aporta el proyecto están la “piel bioperfectible”, una envolvente industrializada y evolutiva, que permite que la fachada y la cubierta del edificio se comporten como la piel de un ser vivo.

El sistema de fachada empleado ha sido el modelo MX Technal, que, gracias a su adaptabilidad ha permitido cumplir las exigencias que los arquitectos necesitaban para su concepción. Esta piel reacciona en función de las condiciones climáticas exteriores e integra todos los sistemas de captación y disipación de la radiación, aprovechándose o protegiéndose de ésta para conseguir un elevado bienestar interior.



Inspirándose en el comportamiento de los organismos vivos, el edificio consta así de un conjunto especializado de “órganos” interiores formados por instalaciones y redes de conducción de la energía interior: intercambiadores de calor mediante tubos enterrados, que refrigeran de forma natural el aire exterior; pozos de luz, que reducen sustancialmente la necesidad de iluminación artificial; chimeneas solares, que permiten la extracción del aire recalentado y, finalmente, una red de columnas de ventilación que cumplen a la vez funciones estructurales y de refrigeración. Estas estrategias permiten que el edificio se autoabastezca, en un 75% de su consumo energético, con fuentes de energía renovable, lo que lo sitúa entre uno de los proyectos de arquitectura bioclimática más avanzados de Europa.



El programa requerido divide a la sección del edificio en dos partes claramente diferenciadas. Los espacios bajo rasante –formados por dos plantas sótano- albergarán la dotación de aparcamiento y los espacios destinados a las instalaciones y áreas de servicio del edificio, a los cuales se les quiere tratar de acuerdo no sólo a sus necesidades funcionales sino a criterios pedagógicos de exposición de los sistemas bioclimáticos.
Sobre rasante, el edificio organiza el programa de necesidades distribuyéndolo en un volumen único perforado y transido de vacíos que cumplen, a la vez, funciones espaciales, estéticas y energéticas.
La Planta Baja se configura como un espacio fluido que, simbólicamente, se abre al exterior de su perímetro poroso, proponiendo una continuidad espacial entre el ámbito público de la calle y el semipúblico de un edificio administrativo. El programa (auditorio, salas de usos múltiples, biblioteca y guardería) se agrupa en tres piezas diseñadas con diferentes grados de transparencia en función de su relación con el exterior- que se desarrollan en torno al espacio central formado por la planta baja del atrio central. El acceso al edificio, por su parte, se produce por la esquina SE de la parcela, y origina una secuencia espacial que, desde el exterior, atravesando zonas semiabiertas formadas por ajardinamientos insertos en secciones en cascada, desemboca en un espacio en doble altura –destinado a exposiciones temporales- que conecta sin solución de continuidad con el atrio central, proponiéndose, de este modo, un paseo arquitectónico definido por los cambios de luz y el ritmo alternante de las compresiones y las tracciones espaciales. La Planta Baja está, asimismo, definida por la diagonal de los vientos frescos debidos a la corriente estival procedente del Atlántico y denominada vulgarmente “La Marea”. Con el objeto de captar dichas corrientes en el interior del edificio, se disponen zonas ajardinadas y láminas de agua  a lo largo de dicha diagonal, cuya dirección SO-NE tensiona, por tanto, la disposición en planta. Estas zonas ajardinadas y láminas de agua constituirán uno de los órganos de enfriamiento pasivo del edificio, los “patios enfriadores”, espacios sombríos y húmedos, verdaderos umbráculos espaciales que recorren el perímetro poroso de la planta situada en contacto con el suelo.
Todos los espacios de trabajo se volcarán hacia un espacio interior iluminado cenitalmente. Este atrio interior organizará centrípetamente los recorridos visuales por el edificio y contribuirá a su optimización energética, al facilitar el tránsito termodinámico de las corrientes interiores y facilitar la iluminación natural indirecta de los espacios de trabajo.
Junto a esta tendencia espacial centrípeta convivirán otras líneas de fuerza secundarias, múltiples y centrífugas que equilibrarán el flujo interno de recorridos espaciales y tránsitos lumínicos. En este sentido, a los espacios en doble o triple altura de los “patio enfriadores” de la planta baja, se añadirán otros espacios que, a modo de mordiscos, perforarán el volumen virtual del que parte conceptualmente el edificio para originar ámbitos de refrigeración pasiva y, a la par, generar tensiones plásticas que dialoguen con la tersa piel de la fachada bio-pixelada.
Perceptivamente, el espacio interior, por tanto, estará determinado por los progresivos cambios del carácter de la luz que, dependiendo de su foco (los lucernarios cenitales, los “pozos de luz”, los espacios umbríos de los “patios enfriadores” y sus celosías, o bien el sincopado y azaroso ritmo de los píxeles transparentes de la fachada) incidirán con un carácter determinado. Se buscará, asimismo, la continuidad espacial de las zonas de trabajo, de tal modo que no se interrumpa el ritmo constituido por el cambio alternado de los planos horizontales de las zonas de oficina-paisaje y los vacíos internos y externos, por ningún elemento externo a este juego, a no ser, las dos potentes cajas de hormigón que albergarán los núcleos funcionales del edificio y los cuatro grandes pilares cuya apariencia desmaterializada no compite sino que complementa el juego espacial anteriormente descrito.
Se dispondrá una planta técnica en la cubierta del edificio, que albergará el resto de las instalaciones del edificio y en la que se reservará superficie para un “banco de pruebas” destinado a las labores de investigación. Esta planta técnica se cubrirá mediante una estructura metálica ligera que, a modo de pérgola, permitirá dar continuidad al sistema pixelado en todos los planos de la envolvente, permitiendo, de este modo, romper la tradicional dicotomía entre fachadas y cubierta.
Fuente: E...TCETERA y PROINDES SOARQ

1 comentario:

  1. El proyecto ha sido galardonado recientemente con el “Premio Vía” a la Sostenibilidad, por su implicación con el medio ambiente y el diseño sostenible de su envolvente.

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